El Maragato, el bandido que vivió en Talayuela
Posted on sep 18, 2009 | 0 commentsEl famoso “Maragato” tenia por nombre Pedro Piñero y había nacido en Andinuela (obispado de Astorga) el 6 de Julio de 1.768.
Hasta finales de 1.799, “El Maragato” llevo una vida honesta y sencilla, y en los años inmediatos a la fecha citada había vivido en Talayuela (obispado de Plasencia), de donde era vecino.
“El Maragato” llegó a tierras extremeñas como ayudante de arriero quedándose en Talayuela ejerciendo el oficio de carbonero, y formando familia con Francisca Trexo con la que tuvo tres hijos. Sin conocerse muy bien los motivos, Piñero se lanzo al bandidaje fundando una banda con los comarcanos que se unieron a él, cometiendo toda clase de desmanes, robos y atropellos, siempre pertrechados con armas de fuego.
Hasta tal punto fueron sonadas sus correrías, que bastaron once meses para que sus hazañas alcanzaran eco en la Corte. Sus principales colaboradores fueron, entre otros, Martín Rodríguez, alias “El Martinillo” y Lorenzo Almanza, alias “El Estudiante”.
Entre los otros quince bandidos mas destacados colaboradores había otro apodado “El Diablo”.
Sus principales robos consistían en apropiarse de caballerías, alhajas, ropas y dinero, sin dudar, para conseguir sus objetivos, en utilizar toda clase de intimidaciones, amenazas, o la fuerza si era menester. No obstante, solamente se le pudo acusar, una vez juzgado, de dos crímenes, uno contra un tal Eugenio Sánchez, vecino de Hontanares, y otro cometido en la persona de Francisco Nicolás, vecino de Tejada.
Cuando las circunstancias políticas colocaron en difícil posición a los bandoleros, Piñero no dudo en dar una solución original a su salida del mundo de la delincuencia, y se presentó en persona, en unión de sus dos mas estrechos colaboradores, en el palacio de El Escorial (el 23 de Noviembre de 1.800) para solicitar clemencia al rey Carlos IV.
“El Maragato” y “El Martinillo” fueron condenados a horca y descuartizamiento, y Almanza a doscientos azotes y diez años de presidio. Pero el 22 de enero de 1.804 el Rey extendió decreto de conmutación de pena de los dos primeros, por 200 azotes, paso bajo la horca, y destino a 10 años de trabajo de bombas en el arsenal de Cartagena. El paso bajo horca tuvo lugar en la plaza de la Cebada de Madrid (10 de Enero de 1.804).
Tres años mas tarde, el celebre bandido consiguió escapar de su cautiverio, volviendo a sus andanzas una vez que logró alcanzar las tierras en las que había realizado sus primeras correrías. Más quiso la fortuna que, hallándose en la dehesa del Verdugal, cercana a la venta de San Julián, donde tenia cautivos a sus moradores, fue apresado por un intrépido lego, quien, al verse amenazado por “El Maragato”, no dudó en pelear con él, arrebatarle el arma que portaba y dispararle en su huida (10 de junio). El certero disparo consiguió herir al bandido, que fue inmediatamente reducido y prendido por el fraile.
Después vendría su traslado a la justicia de Oropesa y su paso a Madrid, donde esta vez, en la misma plaza en que había pasado bajo la horca, fue cumplida la trágica sentencia de subida al cadalso y descuartizamiento. El heroico fraile, que había alcanzado gran reconocimiento y honores, dedicándole incluso una oda para elogiar su hazaña, hizo intentos para conseguir el indulto del bandolero, pero, como es obvio, sin resultado.
Y Goya lo inmortalizó
Es bien conocido que las tierras de Cepeda eran señorío de los señores de Astorga y Velada, y que Goya retrató a doña María Ignacia Álvarez de Toledo, hija de los señores de Villafranca de la Sierra y esposa del décimo señor de Velada, por lo que es fácilmente posible que en su trato con los señores de Villatoro tuviese conocimiento de las andanzas de “El Maragato” por las tierras de su señorío.
De otra parte la larga estancia del pintor en la Corte hace suponer que fuera conocedor de los acontecimientos protagonizados por “El Maragato” en la Plaza de la Cebada.
José Luis López García, estudioso de este tema, participa de la idea de que, al menos en uno de los dos actos protagonizados por el bandolero en la citada plaza madrileña, estuvo presente el genial pintor.
Las tablas referidas al Fraile y al Maragato son unos oleos sobre paneles de tabla , en dimensiones, todas ellas de treinta por cuarenta centímetros, y que se exponen en el museo “Art Institute” de Chicago.
Las tablas
El “Maragato” amenaza a Fray Pedro.
El “Maragato” ha encerrado a los habitantes de una casa de la Dehesa del Verdugal en una habitación y ha solicitado un caballo. Al oír llegar al fraile que iba por esos lugares pidiendo limosna se dispuso a encerrarlo junto a los demás. El bandido amenaza al fraile con su escopeta y le obliga a introducirse en la habitación del fondo.
Fray Pedro desvía el fusil del “Maragato”.
Cuando el “Maragato” tenía a todos sus rehenes encerrados en una habitación, decidió cambiarse los zapatos, obligando al guarda a que le entregara los suyos. Fray Pedro observó que era el momento de actuar y, encomendándose a Dios, a María y a San Pedro de Alcántara, le entregó sus zapatos saliéndose del cuarto donde estaba encerrado. El bandido encañonó al fraile y éste le entregó los zapatos. Así observamos a Fray Pedro con un par de zapatos en su mano izquierda y el “Maragato” apuntándole con su escopeta.
Fray Pedro lucha con el “Maragato” para desarmarlo.
Cuando fray Pedro estaba fuera de la habitación donde el “Maragato” había encerrado a sus rehenes, agarró con su mano derecha el cañón de la escopeta que tenía el bandido, empezando un forcejeo del que salió favorecido el fraile gracias a su corpulencia.
Fray Pedro golpea al “Maragato” con el fusil.
La mayor fuerza y corpulencia de fray Pedro provocó que el “Maragato” pudiera ser desarmado. El bandido reaccionó escapando hacia su caballo donde tenía dos escopetas más, pero fray Pedro giró el arma para golpear al bandido. El “Maragato” está en el suelo y el fraile agarra con fuerza la escopeta para asestar el golpe definitivo al malhechor. El ambiente rural ha sido perfectamente captado por Goya, exhibiendo un corral con la ropa tendida y el gran arco de la puerta de los carruajes.
Fray Pedro dispara contra el “Maragato”.
Ya fuera de la venta, el “Maragato” se dispuso a coger las dos escopetas que tenía en su caballo pero fray Pedro asestó un fuerte golpe al animal que provocó su huida. Desarmado definitivamente el bandido, el fraile disparó a las piernas para no matarle.
Fray Pedro ata al “Maragato”.
Los disparos de fray Pedro provocaron la caída y la detención del “Maragato” procediendo después a atarle y a calmar los ánimos de los hombres que había encerrado el malhechor a su llegada a la venta. Según cuenta la historia publicada en Madrid al poco de producirse estos hechos el bandido dijo al fraile: “¡ah Padre! ¿quién diría que cuando yo le amenacé con la escopeta para que entrase en la casa, y usted entró con la cabeza y los ojos bajos, que me había de jugar esta traición? El Padre le respondió: ¡ay amigo! aunque en lo exterior mostraba humildad, en lo interior tenía toda la ira de Dios”. El “Maragato” fue trasladado a Madrid donde fue condenado a ser ahorcado y descuartizado el 18 de agosto de 1806. La cabeza y los cuartos de Pedro Piñero fueron expuestos en los caminos donde cometió sus delitos y cinco meses después sus restos recibieron cristiana sepultura.
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