San Marcos, hace muchos años.

[…] En mi sopor de tarde de verano he merodeado por mis campos buscando el frescos imposible de la siesta. He pasado y vuelto a pasar por la luz, por entre las encinas y robles, regatos que no son y quebradas donde el agua penas se mueve. He oído el silencio de mis campos sólo turbado por la chicharra y su cantar. Empujado por el sol, que reverbera en la hierba de color pardo como la tierra, he llegado a la finca de San Marcos, antes llamada de San Benito. […]

[…] Todo está en calma, todo queda como suspendido por el calor, y da una imagen de no vida, de pararse el tiempo, que se apodera de todo. He Ermita de la finca San Marcosvisto la ermita del Santo que ahora da nombre a la finca. Su torre, esbelta en su alrededor, se levanta por encima de todo, rompe como lanza el espeso sopor horizontal de este tiempo. Como en fotografía ajada por el tiempo, he vuelto a ver todo los lugares donde se celebraban una de las mejores ferias de ganado de todos estos alrededores. Algunas construcciones no han resistido el paso del tiempo. Faltan a mi visita de hora intempestiva los soportales de las casa que se dejaban a las autoridades y a la gente que se invitaba a la feria. El secretario de mi Concejo y los que recogían los peros de pesar tenían que ir. Habitaciones y cocina común de estas casa donde se pasaban los tres o cuatro días que duraban los festejos. […]

[…] Al llegar a la feria se hacía el rancho con la hoguera donde se reunían todos los del mismo pueblo. El día era para los animales, ovejas, estias, vacas que llevaban desde mi Concejo para vender las crías. El día era para la compra y la venta del ganado que se empezaba después de la misa del Santo. Para la alegría de niños que con dulces saboreaban el estar en la feria: las garrotas y las piruletas, las pipas y los altramuces; […]

[…] El atardecer y la noche eran para las personas. Todo el llano iluminado por la hogueras de los diferentes pueblos que asistían a la feria. El baile y las rondas hacían acompasar las voces y los cuerpos. Los cantos de rondas agrupaban a los paisanos para unir sus voces y mostrar su alegría en ellos. Los colores de los pañuelos de las mujeres veratas y las flores del pelo sumaban su olor y cromatismo a la brisa de una noche de primavera. […]

Ermita de la finca San Marcos0001 […] Al que rompía este orden se le metía en una habitación donde había un asiento y un cepo que le cogía una pierna, y allí sentado, espera ser liberado cuando la feria terminara. […]

[…] El campo de adornaba así para la fiesta de San Marcos y era una de las fiestas más apreciadas por los alrededores. Todo se compraba y se vendía allí, todo era admirado y allí querían ir los mozos y las mozas casaderas para comprar su ajuar y allí querían ir los niños de todo los pueblos.

El retorno se hacía con menos ilusión que la llegada, pero aún quedaba el poder contar a los vecinos y amigos lo que se había visto en la feria o mostrar aquello que se había comprado. […]

[…] Siempre quise a esa feria como mía y traté por todos los medios que se me concediera para hacer de ellas las fiestas de mi núcleo poblacional. Corría el año 1961 cuando el Marqués de Mirabel me concedió esta feria de San Marcos y yo le hice hijo adoptivo y ellas se convirtieron en mis ferias principales. […]

Extracto del libro: “Talayuela: tal como somos”, de Juan Antonio Luís Galán.

Capítulo 5 -“El siglo XVIII”- (páginas 169, 170, 171, 171 y 173).

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Related posts:

  1. José Vizcaíno espera su medalla desde hace 28 años
  2. Pregón de San Marcos 2010
  3. 5 años de cárcel para un talayuelano
  4. El bar de la piscina se adjudica por 2 años.
  5. I Ruta senderista a San Marcos